miércoles, 11 de febrero de 2009

MUSIDORA

Las espadas de Musidora
atravesaron mi pecho,
que no se rompa el hechizo
del mal herido,
que por muchos besos que den
no aplaquen el fuego,
que nunca caiga enfermo el deseo,
que no se olvide el corazón
de la carne y el infierno,
que ese ombligo siga siempre perdido
que siempre este cerca el vino,
que nunca se acaben los sueños contigo,
que se quede lejos el silencio frió,
que los alambres de espino
se mueran en el olvido,
que tus sueños sean los mios,
no abandones a este mal herido
en este mundo sombrío.

DE LEGAJOS Y GLACIALES

Que quemen mi cuerpo
que lo tiren en el escombrado
en cualquier solar desamparado,
que asome el olor
por debajo de la puerta,
que me recojan
de los cartones del olvido,
pero mantener las ascuas
el alma consumida,
del lamento suicida,
del amor en la horma del zapato,
puede que el amor no sea necesario
pero si los legajos que deja a su paso,
no olvides de donde proviene
el árbol que calienta hoy tus manos,
porque vivir es solo necesario
y no haber existido
es como no haber vivido,
derrite los glaciales
de mis oscuras lágrimas
y destila el sabor de mis palabras,
y tendrás un buen caldo
para alimentar las alimañas.

LEJANA COMO UN SUEÑO

Déjeme acariciarte lentamente

comprovar lo sublime que eres,

olvidar que te he querido

para saber que te sigo queriendo,

así te quiero tan enorme

y presente como el universo,

tan solitaria y perversa

tan humana e imperfecta,

tan lejana como un sueño.

Déjeme juntar los fragmentos

de la cerámica de los sentimientos,

da me el tacto suave,

da me el paisaje curvo de tu cuerpo,

da me el sonido cálido de tus silencios,

da me tu piel extensa

para el recorrido de mis besos,

y no dejes solo tu olor en las sabanas

cuando te largas.